jueves, 7 de abril de 2011

Makled, la papa hirviente

Fernando Londoño Hoyos

Es un laberinto sin camino de salida. Y sin Ariadna salvadora

Es increíble que habiéndolo padecido tanto, lo conociera tan poco. Porque no fueron muchos los colombianos más odiados y más ultrajados por Hugo Chávez que Juan Manuel Santos. Siendo candidato alcanzó a decir que era especialista en conocer a fondo el personaje que podría convertirse en su colega. Se engañó o sobreestimó su capacidad y la de su bella Canciller para encantar esa cobra, desestimando de paso la experiencia dolorosa que en la materia se había ganado su antecesor Uribe Vélez.
    Walid Makled es un bandido cuyas dimensiones no supieron medir nuestros servicios de inteligencia. Creyeron que se topaban con un narcotraficante de alguna monta y tropezaron con una montaña. Sería ya demasiado tarde para el Presidente cuando descubrió que le habían puesto en las manos el peor problema político que hubiera tenido que afrontar. Fue tanta su ingenuidad en la materia, que llegó a ofrecerle al vecino la extradición de ese sujeto tan pronto terminaran ciertos trámites de rutina. Una gentileza entre amigos, que se deben tantas cuando empiezan a amarse después de haberse querido mal.
    Makled es uno de esos personajes claves de las dictaduras sombrías. Intrigantes, dispuestos a todo, capaces de todo, aprovechan los vientos putrefactos que surgen del fondo de esos regímenes siniestros. Y sirviendo a muchos en sus propósitos inconfesables, saben servirse de silencios cómplices y de intereses abominables. Su fortuna está construida con los peores materiales que suministra la perfidia, especialmente cuando viene armada de poder.
    Makled fue, y probablemente lo siga siendo, un hombre riquísimo. Llegó a ser dueño de una gran línea aérea y de los mejores muelles de uno de los más importantes puertos del país. Todo servido para exportar droga en grande escala, para amasar una riqueza fabulosa y para meterse en el corazón de todos los malos latidos del sistema. Dice que lo suyo tuvo la complicidad franca de los más altos mandos de la Guardia y del Ejército, 40 generales no son una mala cifra, y, claro está, de los más cercanos áulicos del Presidente.
    Por supuesto que Chávez lo quiere. Y lo quieren con desesperación los que se sienten en peligro por esa bomba, fabricada con tan malos secretos, y presta a estallar. Makled en Venezuela no tendría un largo pronóstico de vida. No habría que ser arúspice para predecir su destino.
    Hasta ahí, nuestro Presidente estaría comprometido en una siniestra conspiración contra la verdad que a Colombia le interesa saber, la de la cocaína que pasa a raudales por Venezuela. Pero no en mucho más. Mientras tanto, los americanos deducirían de sus contabilidades del crimen un mafioso apetecible. Como lo fue Fernandinho, el del Brasil, que terminó en una cárcel de São Paulo sin que pasara mucho.
    Pero saltó la liebre. Porque nuestro Walid también sabe las historias de Chávez con Hezbolá y con Ahmadinejad. Años de intento infructuoso para conocer las intimidades del Boeing 747 que vuela dos veces por semana entre Caracas y Teherán podrían terminar. Makled lo sabe todo. O dice saberlo. Y ello ya es demasiado, hasta para el desprevenido Obama. Porque el asunto se vuelve de Seguridad Nacional y esas son palabras mayores para la Secretaría de Estado.
    Si se extradita a Makled a Venezuela, tendremos con Estados Unidos la crisis más dura desde el proceso 8.000. Y si a los Estados Unidos, caerá como castillo de naipes esa amistad de la que tanto se precia el Gobierno, y la veremos convertida en la más feroz y peligrosa fuente de impredecibles contradicciones. Parece mentira, pero estamos a merced de un bandido y de lo que ha insinuado que puede decir. Lo que mal empieza, suele terminar peor

Óscar Collazos

Las decepciones que produce una justicia insuficientemente aplicada o inferior al tamaño de los delitos cometidos tienen un alto precio social.
  Un caso de corrupción se suma a otro y da la impresión de que el tamaño del anterior tapa al siguiente. Muchos fueron incubados en los últimos ocho años de gobierno. Pero los de ahora no solo implican a personas e instituciones de gobiernos locales y nacionales, sino que empiezan a ser prueba de fuego de una justicia que no ha podido frenar el ritmo de la corrupción.
    Llevamos meses asistiendo al espectáculo de inculpaciones y justificaciones de los Nule y sus secuaces. Se sabe que el monto de sus estafas llega a billones, pero nadie, ni siquiera la Dian, advirtió a tiempo las irregularidades que asomaban en las empresas de estos evasores de impuestos.
    Coleridge escribió un gran poema sobre el emperador Kublai Kan y Xanadu, su casa veraniega; Orson Welles filmó El ciudadano Kane, que soñó una casa como la de Kublai Kan. Ambas creaciones conducen del esplendor a las ruinas. Los Nule, en cambio, no remedaron la grandeza del emperador ni la ambición del magnate de Welles; actuaron en el marco de una sociedad mafiosa, creyendo que la corrupción es "inherente a la naturaleza humana".
    Al escándalo de los Nule se superpuso el expediente informativo del 'Tolemaida Resort', como llamó Semana al régimen de privilegios encontrado en el centro de reclusión de suboficiales y oficiales del Ejército condenados por la justicia.
    Son casos distintos de una misma moral: la ilegalidad como norma. En un país que reclama apoyo ciudadano para sus fuerzas militares, nada más indignante que ver a centenares de miembros de esas fuerzas burlando los fallos judiciales con la probable protección de sus superiores.
    Del escándalo de Tolemaida quedan en claro algunos hechos. Según las pruebas de Semana, desde el domingo se habría corrido a maquillar el escenario para la visita de los periodistas. Según lo dicho por el Ministro del Interior: "En la última visita que se hizo (al penal de Tolemaida) no le permitieron al director del Inpec ejercer esa vigilancia y tampoco ingresar".
    Basta seguir las reacciones de los colombianos para ver el alto grado de indignación que provocan estos hechos. Crece el temor de que el "principio de oportunidad" tenga a los Nule unos pocos años en la cárcel. Al cabo de tres o cinco, estarían en la calle, esperando una nueva versión de la "confianza inversionista" que los convirtió en grandes señores de la estafa.
    Las decepciones que produce una justicia insuficientemente aplicada o inferior al tamaño de los delitos cometidos tienen un alto precio social. Llevamos décadas pagando ese precio con la irracionalidad de las violencias, sin aprender que no se puede cosechar confianza cuando se siembra impunidad.
    Temo que el problema sea mucho más serio si se confirma lo dicho por testigos: que los privilegios obtenidos por los "reclusos" eran el pago al silencio en episodios que enredarían a altos oficiales en crímenes de guerra y delitos atroces. Y esto es lo que debe investigar la justicia, para bien de esa institución, pero también para recuperar la confianza de los ciudadanos.
    Aquí no cabe como atenuante la "razón de Estado", más dañina si se tienen en cuenta los reparos que la comunidad internacional viene haciendo al gobierno colombiano. La trama denunciada es tan grave, que solo cabe actuar en justicia, sin miedo al daño que implica establecer responsabilidades políticas.
    No cabe tampoco la generosidad de la justicia. Se trata de juzgar la mezquindad de quienes concibieron sociedades reales o ficticias para el saqueo en grande de lo público con la bajeza de las ambiciones privadas. Se trata, en suma, de responder con firmeza a empresas que pretendían burlar a esa misma justicia

de razon!!

El lunes, juez decidirá si ordena capturas por AIS
Después de más de 13 horas de audiencia, el juez 33 municipal levantó la diligencia judicial contra 4 de los implicados en el escándalo de Agro Ingreso Seguro (AIS). El juez argumentó que, por la complejidad de los hechos, se tomará hasta el lunes para decidir si envía o no a los acusados a prisión.